miércoles, 23 de noviembre de 2011

RETRATO DE UN PAISAJE


El paisaje y el retrato se necesitan tanto que cuando ambos géneros se desvinculan es habitual que uno y otro adopten los atributos del contrario. Pienso en Cézanne, tantas veces pintó la montaña de Santa Victoria que las piedras adquirieron una entidad anímica. Por el contrario, cuando retrataba a su mujer, enfatizaba su aspecto de accidente topográfico. En una ocasión Cézanne señaló que los campesinos de Aix no veían la montaña. Advertían su presencia, pero no la miraban como un paisaje. Los pintores renacentistas tampoco consideraban de interés estético un fondo, porque nada puede suceder en un escenario sin figuras. El desasosiego de los paisajes vacíos, su dimensión poética y la extrañeza frente a los objetos son una herencia romántica. De otra forma no nos habríamos detenido a realizar esta fotografía.

Eduardo Nave & Juan Millás. Serie Península.                                     

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