sábado, 2 de junio de 2012

NOTA IV. SOBRE EL PROYECTO BOSQUE FINGIDO. El estado soñado de la materia.


Desconocía que además de lo sólido, lo líquido y lo gaseoso, existe un estado de la materia denominado “plasmático”. Al parecer, es el estado de la materia de manifestaciones tales como las auroras boreales, los vientos solares y las nebulosas intergalácticas. No tengo experiencia ni conocimiento alguno sobre estos fenómenos, solamente puedo tratar de imaginármelos. Me he preguntado si al imaginarlos no estaré sublimando su materia en partículas minúsculas de pensamiento, algo así como cúmulos de una variedad de polvo especulativo. Si esto sucede, me refiero a que si lo real se puede descomponer en moléculas de serrín ideológico, a los estados de la materia que conocemos (lo sólido, lo líquido y lo gaseoso) y a los que desconocemos (lo plasmático), habría que incorporar uno nuevo: el estado soñado de la materia.
Me parece que ciertas expresiones artísticas pueden entenderse como un cambio de estado de la materia. Igual que el agua se evapora en gas al calentarse o se transforma en un cuerpo sólido cuando alcanza su punto de congelación, ¿no serán los menhires el desenlace sólido, la condensación, de un pensamiento paisajista?

Bosque fingido 2011/2012.                                  

jueves, 19 de abril de 2012

TODO PREPARADO


El menhir alumbró la idea de paisaje. Es el primer apunte de una gramática que quizá sirvió para articular la realidad, como imágenes descriptivas contrapuestas a la visión de un bosque indescifrable. Antes del menhir -imagino- no habría paisaje. Solamente estaba el lugar, pero se trataba de un lugar sin relato, un bosque oscuro, hermético; un espacio sin expresar, sin sentido. He querido averiguar dónde estaban estas figuras, los menhires, y si detrás de las mismas aún sería posible asomarse a lo anterior, vislumbrar un resquicio del fondo oscuro original. Imaginé que podría encontrar el rastro de la transición entre ambos mundos: el bosque real y el bosque fingido.

Tengo todo preparado: el proyecto que ahora retomo propone una comprensión de la idea de “paisaje” en un deambular por los bosques de Bretaña (Francia) queriendo encontrar un menhir.

Bosque fingido 2011/2012.                                

martes, 3 de abril de 2012

LA MESA DE TRABAJO

Esta fotografía también fue realizada en el trascurso de aquella entrevista -lo había mencionado ya en una entrada anterior- a Jorge Semprún. Es un retrato de su mesa de trabajo. Estaba situada en el centro de una habitación y sobre ella se amontonaban desordenadamente los objetos. He querido añadir la imagen al blog, porque reanima algunas ideas acerca de las configuraciones inesperadas que producen las cosas desplegadas o reunidas circunstancialmente sobre una superficie. “Socaban secretamente el lenguaje, porque impiden nombrar esto y aquello, porque rompen los nombres comunes o los enmarañan, porque arruinan de antemano la sintaxis.” La cita es de Foucault, Georges Didi-Huberman la incluye en su libro Atlas a propósito de una extensa reflexión sobre “la mesa de trabajo”. Bien podría servir como criterio de edición para el fotógrafo. Tomo nota.

 


lunes, 19 de marzo de 2012

PASEAR III. En relación a un artículo publicado ayer en El País, sobre salir a caminar.

“El acto de desplazarse caminando resurge en el debate de la modernidad como una forma subversiva y reflexiva de estar en el mundo.” En el artículo se cita entre otros autores a Thoreau y a Walser. Se destaca la condición subversiva de caminar frente a la prepotencia de los conductores y la invasión del dióxido de carbono.

Pasear trasgrede muchas normas, la mayor de todas tiene que ver con la ausencia de propósitos pragmáticos. No hay rendimiento, ni previsión, ni objetivos en el paseo. Tampoco hay una meta que uno deba alcanzar. Habitualmente, el paseo termina en el mismo lugar en donde había comenzado, lo cual es una anomalía si se contempla desde el punto de vista de la renta. En la novela El Paseo, Walser refleja estas ideas a través del  comentario incisivo puesto en boca de un ciclista que, dirigiéndose al autor, exclama: “Me parece que vuelves a pasear en día laborable”.
Como recurso narrativo, el paseo desmantela las fórmulas discursivas más convencionales. Caminar es el mejor dispositivo para poner en marcha el pensamiento. Inventa lugares intermedios de exploración, ignora o mitiga los efectos del relato heredado, promueve encuentros de toda índole, y deja siempre abierta la posibilidad de modificar la ruta. Lo de menos es acertar, o equivocarse.

Para quienes estéis el próximo viernes 23 en Valencia, os animo a pasaros por la galería Paz y Comedias. Eduardo Nave y yo inauguramos a las 20:00 una exposición de fotografías realizadas en el transcurso de múltiples paseos. El proyecto que presentamos se llama Península.


 Eduardo Nave & Juan Millás. Serie: Península.                            

martes, 13 de marzo de 2012

NOTA III. Con motivo de un curso sobre edición de libros de fotografía.


Durante el tiempo que concedemos a la lectura, el sentido del texto fluye en una corriente continua de palabras. La mirada se desplaza sobre los signos ordenados en renglones igual que una locomotora circula sobre los railes de una vía. Frente a una imagen el recorrido es más incierto, porque no existen renglones. Leer una imagen es parecido a dar un paseo, recorremos una y otra vez todas sus bifurcaciones sin una intención precisa, erráticos, permitiendo que la ocasión nos guíe, abandonándonos a una suerte de dimensión mito-poética de vibraciones semánticas indeterminadas. 
Leer una imagen es imaginar. Imaginar o idear un código nuevo -código de un sólo uso- para cada lectura. “Hasta la próxima vez, igual de inútil o de fecunda.”


sábado, 11 de febrero de 2012

LA CÁMARA DE HACER FOTOS


Damos por sentado que las cámaras de hacer fotos hacen fotos. Pero si las cosas hubieran sido de otra manera, si a principios del siglo XIX no hubiera surgido el anhelo: ese “arder en deseos” por fotografiar que ha expresado el historiador Geoffrey Batchen, quizá las cámaras de hacer fotos ahora serían diferentes. Es posible que Niépce, Daguerre o Talbot, hubieran inventado otra clase de máquina distinta para la representación de las cosas. Podrían haber descubierto, por ejemplo, una forma de obtener retratos de la naturaleza mediante la propagación de ondas sonoras, o mediante la utilización de los recursos más descriptivos del lenguaje escrito. Con cada disparo, las cámaras de sonidos compondrían mecánicamente un concierto de timbres y de reverberaciones que a nuestros oídos serían traducciones directas y miméticas del mundo. Un código de rumores para comunicar la complejidad insondable del entorno físico. Por otro lado, si las investigaciones se hubieran orientado hacia la producción literaria, hoy contaríamos con cámaras de hacer palabras capaces de redactar minuciosas descripciones sobre el fragmento de realidad que el operador de la máquina (o fotógrafo) hubiera contenido en el visor.
Pienso cómo sería una fotografía de Josef Sudek realizada con una cámara de las palabras. Seguro, un poema de Francis Ponge:

“La lluvia, en el patio donde la miro caer, desciende con ritmos muy diversos. En el centro es una fina cortina (o red) discontinua, una caída implacable pero relativamente lenta de gotas probablemente bastante ligeras, una precipitación sempiterna sin vigor, una intensa fracción de meteoro puro. A poca distancia de las paredes de la izquierda y la derecha caen con más ruido gotas más pesadas, individuales. Aquí parecen del grosor de un grano de trigo, allá de un guisante, en el otro lado casi de una canica (...)”

Francis Ponge. Lluvia.
  
 Josef Sudek. The Window of My Studio, 1940-54.                                                 

lunes, 16 de enero de 2012

ENERO


Estoy revisando la enorme acumulación de fotografías producidas en los dos últimos años. Es un problema importante, lo advierto de inmediato al tropezar con la imagen de los zapatos de Jorge Semprún. 
El autor, fallecido en junio del pasado año, me había autorizado para recorrer con libertad las estancias de su casa. “Puedes fotografiar lo que quieras, pero te pediría que a mí lo menos posible. Hoy no me encuentro bien.” 
Durante dos horas -intervalo de tiempo en el que Semprún fue entrevistado por Juan Cruz para El País Semanal- merodeé por toda la casa y tomé un gran número de fotografías, algunas de las cuales se publicaron después con el reportaje. Sin embargo, ésta de sus zapatos no llegué siquiera a entregarla en la revista. Es raro, porque hoy la he guardado en el cajón de las fotografías que me importan. 
Adiós 2011.

domingo, 18 de diciembre de 2011

UNA NOTICIA. Reciente, de ayer mismo. Portada en Babelia (El País).


¿Qué es un libro?

El fenómeno, latente desde que comenzara la crisis de los soportes editoriales impresos, es ya indiscutible. Despojados de sus antiguas funciones, los libros de fotografía asumen nuevas voluntades que nos instan a reformular su significado y por extensión el de todos los medios de comunicación impresos. Un cambio de modelo que apremia a preguntarnos también sobre la naturaleza del proyecto fotográfico, sobre la imagen, su exposición y su colección. El horizonte no podría ser más sugerente.  

"El fotolibro es una forma de arte autónoma, comparable a una escultura, una obra de teatro o una película. En él las fotografías pierden su propio carácter como mensajes por ellos mismos y se convierten en los componentes, expresados en tinta de imprenta, de una creación compleja llamada libro". 
Ralph Prins.

jueves, 8 de diciembre de 2011

PASEAR II

No era la primera vez que Eduardo y yo pasábamos la tarde imaginando proyectos fotográficos inverosímiles. Cuando hablamos de fotografía nos gusta más especular sobre propuestas que no llevaremos a cabo que debatir sobre aquellas otras que sí hemos realizado. Seguramente porque en la intención se concentra un grado de acierto, de exactitud, muy superior al que se manifiesta en la realización. En aquel momento, pactábamos las reglas de un viaje a través de la península. Un proyecto sobre fotografía, deriva y paisaje. Como punto de partida estábamos de acuerdo en tomar el extremo más oriental, desplazándonos desde ahí siempre en dirección oeste, que según Thoreau es el rumbo más adecuado para los paseantes. Nos permitiríamos todas las desviaciones y únicamente daríamos por terminada la travesía una vez alcanzado el extremo occidental, frente a las costas de Portugal. Contra todo pronóstico (ya digo que no solemos acometer las cosas que pensamos) realizamos aquel viaje. Nuestros desplazamientos en coche y a pié perfilaron a menudo esquemas erráticos de formas circulares. Sobre el mapa se dibujaban elipses, espirales y parábolas. Llegábamos hasta los lugares paseando, siempre como desenlace de nuestro extravío intencionado. Igual que sucede con la gran mayoría de las intenciones, el paseo no persigue concretarse en modo alguno, solamente corre detrás del propio paseo. Actitud que procura los hallazgos más acertados.

 Eduardo Nave & Juan Millás. Serie: Península.                              

sábado, 3 de diciembre de 2011

UNA NOTICIA, en la sección de ciencia de El País:

El brillante amarillo de los cuadros de Van Gogh ya no es tan brillante como cuando los pintó. Vira a marrón.

NOTA II:

Idea para un proyecto: Descifrar, desde el análisis de un conjunto editado de fotografías, cuáles son los colores predominantes de una comunidad. Crear un mapa pantone o carta de gamas de color de dicha comunidad para su posterior interpretación en términos políticos. ¿Se vinculan los colores a criterios económicos? ¿Sería posible calibrar los colores de una comunidad? ¿Trascendería de algún modo esta restauración cromática?

jueves, 1 de diciembre de 2011


Para el reportaje sobre el cultivo de arroz en Vietnam:
He recordado algo relacionado con el pintor inglés W. Turner. En el transcurso de su vida, Turner elaboró un catálogo de gamas de color que se correspondían con diferentes regiones del globo terrestre. Su paleta era un mapa, una representación cartográfica de los colores del mundo. Así, por ejemplo, había un amarillo italiano que nada tenía que ver con el amarillo portugués, o bien diferenciaba entre tonalidades de azul del norte y del centro de Europa. Recordé esta anécdota, porque yo nunca antes había visto un color verde tan intenso como el de los campos de arroz de Yen Bai. Era un color verde desconocido para mí.

 Juan Millás. Reportaje para Yo Dona: Las extraordinarias mujeres de Yen Bai.                                   

jueves, 24 de noviembre de 2011

PASEAR I

Señala Thoreau, que cuando caminamos nos dirigimos naturalmente hacia los bosques. Lo expone, como dando a entender que quizá los bosques posean características atractivas, o bien ejerzan un sutil magnetismo sobre aquellas personas que sienten el impulso de salir a pasear.

Es posible, incluso, que siempre estemos caminando en dirección hacia los bosques. Con independencia de adonde nos dirijamos.


 Juan Millás. Serie Bosque fingido.                                       

miércoles, 23 de noviembre de 2011

NOTA I:

Idea para un proyecto: Desplazarme hasta Aix, localizar la montaña de Santa Victoria. Preguntar a quienes vivan allí si ven o no ven la montaña.

RETRATO DE UN PAISAJE


El paisaje y el retrato se necesitan tanto que cuando ambos géneros se desvinculan es habitual que uno y otro adopten los atributos del contrario. Pienso en Cézanne, tantas veces pintó la montaña de Santa Victoria que las piedras adquirieron una entidad anímica. Por el contrario, cuando retrataba a su mujer, enfatizaba su aspecto de accidente topográfico. En una ocasión Cézanne señaló que los campesinos de Aix no veían la montaña. Advertían su presencia, pero no la miraban como un paisaje. Los pintores renacentistas tampoco consideraban de interés estético un fondo, porque nada puede suceder en un escenario sin figuras. El desasosiego de los paisajes vacíos, su dimensión poética y la extrañeza frente a los objetos son una herencia romántica. De otra forma no nos habríamos detenido a realizar esta fotografía.

Eduardo Nave & Juan Millás. Serie Península.                                     

lunes, 21 de noviembre de 2011

EL TÍTULO


De las dos manos que operan sobre “el bloc maravilloso” me identifico con la segunda: la mano que borra. La otra mano, la que escribe, no me parece que sea tan enigmática. El bloc maravilloso es una máquina de escribir mencionada en un artículo de Freud del año 1925 que está integrada por dos mecanismos contrapuestos que trabajan simultáneamente. El primero de estos mecanismos está al servicio de la escritura, mientras que la tarea del segundo dispositivo consiste en borrar parcialmente lo que apunta el primero. La descripción sugiere  que no se puede escribir sin dejar de borrar al mismo tiempo. Y lo que es aún mas extraño: sugiere también que cuando uno borra, o tacha, está escribiendo.
Me atraen enormemente las imágenes realizadas con la mano que borra. Por eso pensé que podría ser un buen título para el blog.